En Mestalla Pepe Mel le preguntó. «José, ¿vas a seguir?». Él ya tenía tomada la decisión desde hacía algún tiempo. Coinciden sus cumpleaños con la clásica fecha de finalización de los contratos (30 de junio) y el suyo, de cuatro años de duración, expira justo ahora, cuando alcanza los 67 años. «Es un buen momento para irse, una buena edad. Mi familia me necesita tras 48 años sin fines de semana». Quien mejor ha defendido la portería del Betis fue a nacer en Andoain, la fértil tierra vasca para la historia del club de las trece barras. Su contratación procedente de la Real supuso, en el verano de 1973, el fichaje más caro que se había visto hasta la fecha por Heliópolis. Doce millones de pesetas. Y lo hacía un recién descendido que tuvo en José Ramón Esnaola Larburu la base de los éxitos posteriores con momento cumbre en el Vicente Calderón, primera entrega de Don Juan Carlos de la Copa de Su Majestad el Rey, y con la Virgen del Rocío colgada al pecho del guipuzcoano en una tanda de penaltis imborrable.
Nada más y nada menos que 303 partidos en Primera, a sólo tres de Cardeñosa, que colgó las botas al mismo tiempo que él aquel día que también se marchó Gordillo, que vaya tres mitos que dejaron huérfana a la plantilla bética, era 1985. «Y jugué todos los partidos menos el de la huelga», dice nuestro protagonista. Dos años antes a Esnaola se le rendía un partido homenaje frente a su también Real Sociedad con cartel de Esquivias. Para el duelo de este domingo, también. Dos homenajes a una carrera en la que se labró el cariño día a día. «Se le tiene que querer a la persona que consigue estar 39 años en un club pero yo quiero que la gente se centre en el Zaragoza. Agradezco los piropos, pero lo importante es eso», arguye con la humildad y modestia que siempre le ha acompañado. «Creo que el 50 por ciento de los que estarán el domingo en el estadio no me han visto jugar porque hace 28 años que no estoy en la portería. Si me tienen cariño será que sus padres les han hablado bien de mí».
Cuando dejó de ser futbolista buscó acomodo como técnico de la cantera. «Tenía 39 años y estaba de presidente Retamero. Empecé en los escalafones inferiores, en el juvenil. He tenido la fortuna de entrenar en todas las categorías», afirma alguien que nunca quiso destacar. «No tengo espina clavada con el primer equipo. Lo cogí dos veces (tramo final de la 90-91 en Primera, con Mel en la plantilla, al sustituir a José Luis Romero y no pudo evitar el descenso;